LA DIGNIDAD.

UNA VERDAD UNIVERSAL NECESARIA ESCASA Y OCULTA.

Zacarias Jelinek

20-6-26

LA DIGNIDAD. Es la piedra angular de la justicia, el orden y la condición a seguir espiritualmente, como hijos DIOS, para ser merecedores de vivir en su presencia. En su mayor grado, es requerida cuando voluntariamente realizamos convenios con JESURISTO y su evangelio de seguirle. De ella deben emanar todos los actos y relaciones entre los humanos en esta esfera organizada para desarrollarnos. Es el sabio y eterno principio que exige que todos seamos tratados con igualdad, respeto y justicia, negando categóricamente cualquier forma de humillación, discriminación, esclavitud o trato degradante sobre nuestros semejantes y todo ser para mantener el equilibrio y la armonía de la vida. Es compañera inseparable de la moralidad y la integridad del alma humana, muy escasa entre los seres inteligentes, que permanece invisible en la mayoría, pero se manifiesta mediante la humildad, la mansedumbre, la caridad y el servicio.  El día a día nos envuelve en urgencias, necesidades, deseos, preocupaciones y distracciones que mediante ofertas tecnológicas se presentan, como tentaciones para aprender a auto gobernarnos. La dignidad espiritual es tan sutil, como una frecuencia de radio que siempre está emitiendo su señal, pero que solo se puede sintonizar cuando acallamos el ruido de nuestro ego, los apegos materiales y las pasiones, que nos controlan. Se puede expresar a nuestra conveniencia, intereses y valores como la lealtad, la fidelidad, la honradez, la honestidad y los principios que, en el caso de religiosos y dirigentes políticos sociales que, habiendo aceptado leyes y convenios sagrados o llamamientos, se incumplen en la realidad intima del pensamiento individual o en las propias manifestaciones oficiales, ceremoniales o protocolares.

Un ejemplo común de la indignidad compañera aceptada, está presente en la intimidad de las relaciones sexuales y en el trato en el hogar familiar.  Esta es una de las razones fundamentales de la corrosión y destrucción de la familia y por tal de la sociedad. Se mantiene cuando el respeto mutuo se encuentra invadido por una falsa dignidad aceptada convalidada. Otros por ignorancia o con plena conciencia de salvaguardar su imagen de dignidad al actuar, afirman poseerla, convencidos que algunas prácticas malas o engañosas son reconocidas como buenas.  Generan daños menores que se aceptan u olvidan con frecuencia. Se intenta justificar la indignidad generada como consecuencia de vivir en un estado natural imperfecto, caído, practicando y repitiendo hechos, con la seguridad que pueden ser corregidos mediante el arrepentimiento confesado o manteniendo silencio, creyendo en un perdón automático del padre y su hijo amado, asumiendo que carecen de importancia y que no serán reconocidos o recordados, olvidando  que ellos como Dioses creadores del todo,  no pueden estar ausentes o ser engañados o burlados, mediante falsas apariencias o mentiras disfrazada de verdades.  La omnisciencia y omnipresencia son interpretadas a nuestra conveniencia domestica y no como una facultad o poder universal. Otros se autoconvencen, que algunas prácticas comunes son aceptadas por las mayorías, como la libre sexualidad, los vicios y hábitos legalizados y las relaciones impropias en la intimidad de los lechos conyugales   incluso entre quienes se han sellado como esposos en los sagrados templos del SEÑOR. La pornografía trabaja como un virus que habita en nuestra alma y penetra en nuestros hogares de manera oculta, mediante la comunicación, audios y videos, con gran facilidad y hasta aceptación. Es una práctica común vivir indignos como parejas y esposos, al darle niveles de poca importancia a nuestras propias interpretaciones terrenales de nuestros pecados, dejando de lado las consideraciones espirituales, que son las que rigen nuestros pensamientos y acciones mortales. Existen prácticas mundanas   que se aceptan conceptuada mente en la intimidad de matrimonios o parejas. Se justifican en la intimidad de la alcoba,  como asuntos personales y privados que parecen estar fuera de la omnisciencia del SEÑOR, porque se mantiene activa la recomendación del ejemplo  para entrar A LA CASA ”SANTIDAD DEL SEÑOR” para renovar los convenios. Aunque sabemos que todo lo creado es por el poder del PADRE incluido nuestro CUERPO, no recordamos su propósito para santificarnos. Damos testimonios frecuentes de nuestra dignidad y como adultos,  mostramos preocupación por la castidad de nuestros jóvenes, irrespetando algunos con nuestra conducta indigna la santidad y el poder recibido para multiplicar la vida, al disponer de un cuerpo físico, para amarnos y protegernos espiritualmente como parejas estando casados. Se olvida  el poder recibido y sellado,  que nos compromete para hacer uso del cuerpo de acuerdo a la sabiduría de DIOS para mantenerlo sano, asociado al mandamiento de multiplicar la vida y seguir a  JESUCRISTO   intermediario, entre lo que está bien o mal. Este nivel de engaño es mayor, cuando quienes incurren en estos hechos, continúan en sus labores y actividades como lideres con autoridad y poder. Algunos pueden sentir que su indignidad es aceptada y puede pasar desapercibida tras una etiqueta o una   placa de presentación, utilizando el oficio o llamamientos,  que se siguen ejerciendo, al perder la dignidad como hombres desnudos como se sintieron ADAN Y EVA en el paraíso terrenal, cuando actuamos mal permitiendo que lujuria y el placer fuera de control nos controle y gobierne. Debemos recordar siempre que hemos sido escogidos y llamados para representar a Jesucristo, edificar y trabajar en el plan de inmortalidad y vida eterna y esta misión exige dignidad, pureza, conocimiento y dominio de nuestras pasiones naturales.

 Entendí mi falta de conocimiento sobre este hecho en mi pasado como adolescente y adulto, al carecer de información oportuna y veraz   sobre este tema oculto, por quienes se inhibían de hablar sobre esa enseñanza, lo hacían a la ligera siendo algunos indignos en el seno de sus propios hogares o en el cumplimiento de sus mensajes religiosos desde los pulpitos, centrados en enseñar   a los jóvenes solteros. Esta condición se convierte en una manera engañosa cuando predicamos y enseñamos a todos, que nuestros cuerpos son el templo de nuestro espíritu y que siendo hijos de DIOS DEBEMOS PRESERVARLO Y RESPETARLO, para mantener siempre su espíritu con nosotros. Pese a esta verdad aceptada y comúnmente predicada invitándonos en seguir a Jesucristo como nuestro ejemplo, pero lo ignoramos al alejar de manera consciente   la presencia del Espíritu Santo, que hemos prometido recibir   para asistirnos diariamente si permanecemos dignos[FJ1] . Esta puede ser una importante razón de la mayor presencia de la maldad y de la iniquidad entre el pueblo de DIOS y la falta de espiritualidad y caridad practica entre los necesitados y afligidos en la propia Iglesia de JESUCRISTO, que pese a ser poseedora de la verdad del evangelio restaurado crece estadísticamente, pero decrece espiritualmente en la fortaleza de los testimonios  de los más jóvenes, más interesados en seguir las enseñanzas de un mundo que vive en tinieblas.  Con gran facilidad consciente o por ignorancia, manchamos eclipsamos y mantenemos nuestra indignidad como compañera de manera casi permanente por variadas razones que permanecen ocultas, bien sea por vergüenza, interés, evitar dudas o   dañar la imagen que proyectamos, para proteger los beneficios, adquiridos, llamamientos o responsabilidades aceptadas.

El mundo material y la sociedad donde interactuamos tienden a medir la dignidad por el valor de las personas por su apariencia, autoridad, nivel social, riqueza, imagen éxito profesional, educación el poder y la influencia que pueden ejercer para comunicarse y ser escuchados.  En el caso de lideres religiosos que dicen representar valores espirituales, éticos y morales, ante quienes los oyen o le siguen, es  una realidad que algunos oculten su indignidad bajo sus sagradas vestimentas recibidas en los templos del SEÑOR. La dignidad es un requisito en el reino de DIOS, con una riqueza y un gran poder silencioso que no necesita exhibirse ni competir. Debe existir para estar conectado con la presencia diaria en la vida de DIOS y su creación.  La dignidad pura no siendo una manifestación física tangible o medible, pasa desapercibida, aunque muchos la aunque no la viven, la certifican con buenas acciones, sobre todo, cuando son lideres religiosos, políticos, empresarios, ejecutivos o servidores públicos que mantienen conductas ajenas a la practica del evangelio puro de JESUCRISTO como forma de vida diaria y no solo por horarios o agendas preestablecidas.

 La dignidad espiritual es una condición noble, esencial y vital del alma humana, para mantener  la rectitud moral y la conexión con las leyes universales. Es invisible para los ojos de las almas" pero sus efectos si pueden ser observados, recordados y conocidos. Es algo que no podemos mantener bajo  un estado de indignidad, porque pertenece a una dimensión de un orden superior. El carecer de ella de manera consciente, nos convierte en obreros y discípulos contrarios al proyecto de vida de nuestro SALVADOR JESUCRISTO.  La dignidad no se corrompe con el paso del tiempo, pero nuestra alma desnuda sigue viviendo enferma y pese a resucitar puede perder la vida eterna. Permanece hasta que de manera personal actuemos para ser sanados y santificados. La dignidad es la brújula interna que se mantiene activa con el Espíritu Santo, ayudándonos a discernir lo espiritual en medio de un mundo material que se derrumba. Es como una semilla que no se ve a simple vista, pero es la fuerza invisible que sostiene, da sentido y hace florecer la belleza espiritual de las personas.  La dignidad alimenta y va llenando nuestra energía poco a poco hasta brillar en la oscuridad. Todo lo que no pase por ese filtro espiritual dadiva de DIOS, nos contamina, nos controla, limita y nos aleja de nuestros padres creadores como seres independientes y autosuficientes.

Esta  falta de conocimiento de la dignidad y la moralidad, es el mayor desafío que enfrenta la conciencia humana en la actualidad.

La dignidad personal define el valor que posee cada ser humano, simplemente por el hecho de serlo. No es algo que se gana, que se pueda comprar, ni que dependa de la posición social, el éxito material, la edad, las capacidades o riquezas de una persona. Las personas no tienen "precio", sino dignidad. La dignidad personal también tiene un reflejo hacia el interior de uno mismo. Se manifiesta como el autorrespeto que tiene cada persona de su propio valor. Es el límite que cada individuo establece frente al mundo, un compromiso con los propios valores y principios que profesa vivir y demuestra nuestra lealtad y obediencia a nuestro PADRE CELESTIAL y su hijo amado JESUCRISTO.

En resumen: La dignidad personal es el reconocimiento de que cada vida humana es sagrada, única e irreemplazable. Es el derecho universal a ser respetado y valorado, tanto por la sociedad y el Estado, como por uno mismo. No somos dueños de absolutamente nada, pero si podemos mediante la dignidad invisible generar y dar frutos celestiales en nuestra propia edificación eterna.


 [FJ1]

Comentarios

Entradas populares de este blog