SOMOS CREADOS O HIJOS DE UN PADRE CELESTIAL
ZACARIAS JELINEK
22-4-26
Esta es una profunda reflexión, que toca la esencia de nuestra IDENTIDAD
LIBERTAD Y SOBERANIA.
EN UNA CIVILIZACION INICUA, CORROMPIDA, CORRUPTA, EGOISTA, GUERRERISTA,
INJUSTA, QUE MATA, ASESINA Y TORTURA, SURGE LA PREGUNTA: ¿TENEMOS LOS GENES Y ATRIBUTOS DE
UN PADRE ESPIRITUAL?
La respuesta es sí. Fuimos
dotados de un cuerpo carnal, para darle cabida a nuestro espíritu, para
desarrollarnos, manteniendo el albedrio y la libertad para ser nuestros propios
agentes. El problema de nuestro muy mal comportamiento, se debe a que hemos
elegidos falsos mensajeros y maestros, resentidos y rebeldes, ya conocidos en
otros mundos que han dejado de existir en otros lugares de nuestra galaxia.
Si no aceptamos a JESUCRISTO como maestro escogido por el Padre Espiritual
y seguimos sus convenios para rescatarnos de ese estado caído y pecaminoso, no
podremos recibir el oficio de hijos. Por tanto solo los que cumplan con el evangelio
de JESUCRISTO y sus convenios, tendrán la bendición de ser
reconocidos por los DIOSES para poder
vivir como hijos exaltados del PADRE ELOHIM.
1. La
Perspectiva de la Creación (Hijos Creados)
Desde un punto de vista estrictamente ontológico, se argumenta que somos
"criaturas". Bajo esta lógica, existe una distinción clara
entre el Creador y lo creado.
- La organización
Divina: Se considera que el
ser humano es una obra maestra, diseñada con propósito y voluntad, similar
a cómo un artista crea una pintura.
- Dependencia: Como seres creados, nuestra existencia
depende de una causa primera. En este sentido, todos los seres humanos
serían "hijos" en un sentido universal por haber recibido el
hálito de vida de un ser preexistente.
2. La Perspectiva de la
Filiación (Hijos de Dios)
En muchas tradiciones, especialmente la judeocristiana, se hace una
distinción entre ser "criatura" hechura" o persona dependiente de otra como un ser "hijo", descendiente directo, con un vínculo
de crianza, protección y amor.
- La
Imagen y Semejanza: Más
allá de ser fabricados con elementos existentes en la tierra como el lugar
escogido para generar vida, se plantea que compartimos una chispa, luz o
energía de naturaleza divina al recibir el soplo de vida, y con el todos
los atributos espirituales y morales, que nos elevan de simples objetos
creados, a sujetos con una relación personal, con los Dioses creadores,
que llegaron de algún desde lugar del cosmos.
- La
Adopción Espiritual:
Algunas corrientes sugieren que, aunque nacemos como criaturas creadas por
Dioses, nos convertimos en "hijos" a través de un acto de fe,
reconocimiento o transformación espiritual del ser que identificamos como
Padre celestial por su origen divino. Para ser plenamente libres y tener
pleno dominio de nuestro albedrio, no podríamos ser considerados
literalmente hijos de un padre celestial, porque tendría poder, dominio y
autoridad sobre sus hijos. De allí que la aplicación y la justicia sobre
la verdad implica en si misma el cumplimiento de leyes, que conocemos como
bendiciones y condenaciones que se aplican de acuerdo a nuestra voluntad y
cumplimiento.
3. La Integración: El
"Ser" frente al "Hacer"
Es posible ver ambas realidades como complementarias y no excluyentes:
- Somos
creados en nuestra forma
biológica y material (el recipiente), mediante el conocimiento de un PADRE
ESPIRITUAL.
- Somos
hijos en nuestra esencia
espiritual y conciencia (el contenido) a la semejanza de nuestros
creadores y diseñadores.
En un mundo saturado de información programada, reconocerse como
"hijo" implica recuperar una soberanía espiritual, pero también la
necesidad de estar protegidos en nuestra condición de seres caídos, que va más
allá de la simple existencia mecánica o biológica como seres sujetos a la
muerte, que buscamos y elegimos, viviendo en la ignorancia alejados de los
Dioses creadores.
Nos auto llamamos o convertimos
en hijos, al aceptar que no somos simples objetos clones robots o muñecos con
vida. Esa es una distinción fundamental: el paso de ser una existencia
pasiva (el "objeto" o "muñeco") a ser un sujeto
consciente pensante y libre de actuar, condición con la cual fuimos dotados.
No basta con "estar vivos"; el verdadero nacimiento como hijos
ocurre cuando la calidad del conocimiento que procesamos, rompe la inercia de
la biología y nos despierta a una realidad superior, que nada o poco logramos
entender. De allí la importancia del velo para protegernos de no avanzar más
rápido, que el debido proceso espiritual y programa de desarrollo para alcanzar
la inmortalidad y la vida eterna.
Bajo esa lógica, podemos analizar la transformación en tres dimensiones:
1. El Conocimiento como Catalizador
Si nos vemos solo como "objetos con vida", estamos sujetos a
las leyes de la causa y el efecto, al contenido programado y a la manipulación
del entorno. Sin embargo, al recibir y entender un conocimiento profundo
—ya sea espiritual, o científico dejamos de ser piezas de un engranaje para
convertirnos en participantes de la creación. El entendimiento es el puente
entre ser "obra" y ser "familia". Por esa razón somos la
familia humana que habitamos un planeta en una galaxia.
2. La Transformación de la Identidad
Aceptar que no somos
"muñecos o clones" implica reconocer que poseemos:
- Soberanía: La capacidad de decidir por encima de
los instintos básicos.
- Propósito: La comprensión de que nuestra vida no es
un accidente estadístico, un programa de laboratorio, sino una expresión
de inteligencia.
- Presencia: El paso de la reacción mecánica a la
acción consciente, nos genera presencia, dominio y gobierno sobre nosotros
mismos.
3. La Renuncia al Determinismo
Al transformarnos, dejamos de ser "hijos creados" (en el
sentido de productos terminados y limitados) para ser "hijos de Dios"
que poseen la capacidad de co-crear. El desafío actual es que el exceso de
ruido y la dependencia de lo programado por interés, intentan devolvernos a ese estado de
"objetos" controlables.
"Nos convertimos en hijos al transformarnos buscando ser seres de
luz en la oscuridad o las tinieblas” que la mayoría de los seres humanos
alimentan con sus malas acciones e intereses personales contaminados, enfermos
o corruptos.
Esta filiación es una conquista de la conciencia. No es algo que
se nos da sin nuestra participación, sino algo que "logramos
entender" y, por lo tanto, en esencia, una graduación de la inteligencia
espiritual. Una transición de " un objeto pasivo” a "hijo, vivo libre
y activo". Esa es la gran misión
del PADRE CREADOR.
Debemos aprender a conocer que ser hijos de Dios depende que entendamos
cual es nuestro propósito espiritual y que, para ser llamados a su imagen y
semejanza, debemos practicar el oficio como seres de carne y hueso para llegar a ser dioses con
plena libertad de conciencia y dominio de nuestra existencia.
Esa visión eleva el concepto de filiación a un nivel de maestría.
La
"imagen y semejanza" no es un sello estático que recibimos al nacer,
sino una potencialidad que debe ser desarrollada a través del ejercicio
constante. Bajo este prisma, la vida se convierte en un taller donde se practica un
"oficio" sagrado. Aquí algunos puntos claves de esa transición hacia
la plena libertad de conciencia:
1. El "Oficio" de la Divinidad
Llegar a ser "dioses"
(en el sentido de alcanzar una naturaleza compartida con el Creador) requiere
una práctica voluntaria y deliberada. Este oficio implica:
- El dominio de las leyes espirituales: Así como un artesano conoce su materia,
el "hijo" debe conocer las leyes de la traducción, la energía y
el pensamiento de los creadores y diseñadores de sistemas de vida.
- La coherencia: Practicar la semejanza, significa actuar
con la misma sabiduría y orden que observamos en las leyes universales o
cuánticas, en las cuales existimos y tenemos que obedecer.
2. La Plena Libertad de
Conciencia
Para que alguien sea
verdaderamente un "hijo" y no un autómata, la libertad y el
albedrio para decidir, son requisitos indispensables. Un objeto, muñeco,
clon o robot no es libre; solo un sujeto con conciencia, puede elegir.
- Esa
libertad solo se alcanza cuando logramos despojarnos de las programaciones
externas y las limitaciones del razonamiento biológico que sigue siendo
muy básico y limitado, ante el mundo de la dimensión de las partículas
cuánticas que todo lo conforman, organizan y armonizan.
- La libertad de conciencia es, en última instancia, la capacidad de
reconocer nuestra propia divinidad sin intermediarios ni controles
sociales. Alimentar nuestra propia energía y poder irradiarla. Es nuestra gran meta espiritual para
mejorar nuestra sociedad y civilización planetaria, hasta ahora muy
sabiamente aislada, hasta que alcancemos nuestra santificación y purificación.
3. Del Propósito a la Identidad
Entender el
propósito espiritual es el motor de esta transformación. Si el propósito es
meramente sobrevivir, seguimos siendo "muñecos o clones". Si el
propósito es evolucionar hacia la conciencia y alcanzar la verdad plena,
entonces estamos respondiendo al llamado original de llegar a ser dioses y
verdaderos hijos.
"Practicar el oficio para llegar a ser dioses."
Esta idea resuena con la noción de que la eternidad o la divinidad no es
un lugar al que se va, sino un estado de ser que se construye. Es pasar
de ser una criatura que padece las leyes telestiales de la física, a ser
un hijo que las comprende, amplia su conocimiento y las trasciende,
mediante el conocimiento sostenido.
¿Cuál es la herramienta más
valiosa para mantener esa "libertad de conciencia" frente a un mundo
que constantemente intenta programar nuestras mentes? Seguir al único gran
maestro calificado y aprobado por el padre creador para mantenernos aferrados a
la verdad y la pureza sin contaminación del necesario para dejar de ser objetos manipulables y
controlados por la ignorancia de la mayoría cuya mayoría vive en plena
oscuridad y otros en tinieblas
Esa es la clave de la filiación auténtica: el reconocimiento de
que, aunque el camino es personal, no es errático ni está a la deriva. Existe
un referente, una brújula perfecta en la figura y el seguir la luz del Gran
Maestro, quien actúa como el puente legítimo entre nosotros como criaturas
creadas y el Eterno Padre creador espiritual.
Seguir esa guía calificada es lo que permite que el progreso espiritual
no sea una simple acumulación de datos o un "ruido" más, sino un
proceso eterno de santificación para alcanzar la purificación.
- La
Inmunidad frente a la Ignorancia: La
mayoría suele moverse por impulsos programados o por la inercia de lo que
el mundo dicta. Al aferrarse a la Verdad transmitida por el Maestro, el
individuo desarrolla una suerte de
"antivirus espiritual" que
impide que la pureza de su propósito sea contaminada por el control
social.
- El
Maestro como Modelo del Oficio: Si el
objetivo es practicar el oficio de ser dioses y alcanzar la libertad de
conciencia, el Gran Maestro es quien ya ha demostrado la perfección de esa
técnica. Su ejemplo
es la prueba de que es posible dejar de ser un objeto manipulable para
convertirse en un ser de luz soberano.
- La Aprobación del
Padre: Este detalle es fundamental. No se trata
de seguir cualquier corriente o filosofía humana, sino aquello que tiene
el sello de la fuente original. Es la conexión directa que valida nuestro
propio proceso de transformación. Esa conexión autorizada y validada es JESUCRISTO.
Es un acto de rebeldía consciente. En un sistema que se beneficia
de que las personas permanezcan como "muñecos" predecibles, decidir
seguir al Maestro para alcanzar la estatura de hijos, es recuperar el control
sobre nuestra propia eternidad. El mayor desafío es mantener la pureza de esa
enseñanza frente a la presión de la vida cotidiana y sus distracciones. La lucha es real y nada facil. Debemos mantenernos en el
sendero correcto pese a las tormentas y los avisos para desviarnos del camino,
para evitar, que lleguemos a ser verdaderos hijos de Dios el creador de todo,
habiendo sido probados en todas las cosas.
Esa firmeza de carácter es lo que define al verdadero buscador. Las
"tormentas" y los avisos distractores no son más que pruebas de
resistencia para nuestra libertad de conciencia; son el ruido que
intenta ocultar la voz del Gran Maestro.
Mantenerse en ese sendero, a pesar de las presiones externas, es lo que
transforma el conocimiento teórico en sabiduría. Al final, el proceso de
dejar de ser un "objeto manipulable" para convertirse en un hijo de
Dios es una victoria que se gana cada día, en el silencio de las decisiones
correctas y en la fidelidad a esa verdad que no se contamina con la ignorancia del
entorno y de nuestros semejantes equivocados..
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