JESUCRISTO
LLAMA AL ARREPENTIMIENTO POR LA VOZ DE SUS PROFETAS Y POR MEDIOS NATURALES
ZACARIAS JELINEK
02-04-2020 / 20-08-2026
Disciplinar a su pueblo significa, por amor, corregir —tanto de manera individual como colectiva— a las personas que han aceptado seguir a Jesucristo como su Salvador y Redentor, recibiendo bendiciones y haciendo convenios para mejorarnos, fortalecernos y estar preparados para recibirle en su Segunda Venida a la Tierra.
El profeta Russell M. Nelson ordenó el fortalecimiento del centenario Templo de Salt Lake (Utah) con el fin de reedificarlo y reforzar su estructura para resistir los terremotos anunciados.
En el Libro de Mormón (Otro Testamento de Jesucristo) —cuya lectura y escudriñamiento constante ha sido recomendado por el profeta Russell M. Nelson, presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— encontramos enseñanzas fundamentales para nuestro tiempo.
Poco antes de la primera visita de Jesucristo a las Américas (alrededor del 6 a. C.), el profeta Mormón (al resumir los anales) dejó registrada la reflexión inspirada en las enseñanzas de Helamán, hijo de Alma.
En Helamán 12, leemos:
Vers. 1: «Sí, y así podemos ver cuán falso e inconstante es el corazón de los hijos de los hombres; sí, podemos ver que el Señor en su grande e infinita bondad bendice y hace prosperar a aquellos que en él ponen su confia
nza». Vers. 3: «Sí, y así vemos que a menos que el Señor castigue a su pueblo con muchas aflicciones, sí, a menos que lo visite con muerte, y con terror, y con hambre y con toda clase de pestilencias, no se acuerda de él».
Vers. 4: «¡Oh, qué insensatos, y qué vanos, y qué malignos y diabólicos, y qué prontos para hacer lo malo, y qué lentos para hacer lo bueno son los hijos de los hombres! ¡Sí, qué prontos para escuchar las palabras del maligno, y para poner sus corazones en las vanidades del mundo!».
Vers. 5: «¡Sí, qué prontos para ensalzarse en el orgullo; sí, qué prontos para jactarse, y hacer toda clase de lo que es iniquidad; y qué lentos son para acordarse del Señor su Dios, y para dar oído a sus consejos; sí, qué lentos para andar por las vías de la sabiduría!».
Vers. 6: «¡He aquí, no desean que el Señor su Dios, que los ha creado, los gobierne ni reine sobre ellos; a pesar de su gran bondad y su misericordia para con ellos, desprecian sus consejos, y no quieren que sea su guía!».
Luego, en el texto se señala la insignificancia de los hombres en comparación con el polvo de la tierra, pues este se mueve y se divide según el mandato de Dios. También se destaca el poder del Creador, capaz de hacer temblar la tierra, mover montañas, transformarlas en valles y secar los mares.
Se debe prestar especial atención a lo descrito en los versículos 11 al 13, y relacionarlo con los acontecimientos ocurridos en Salt Lake City (Utah) durante el mes de marzo de 2020, previo a los tiempos del fin:
Por el poder de su voz tiembla la tierra; sí, se estremecen los cimientos hasta el mismo centro. Sí, y si el Señor dice a la tierra: «Muévete», se mueve. Con mucha más razón puede ocurrir con una estatua y su trompeta.
Helamán continúa describiendo el poder absoluto de Dios sobre toda la creación.
Aunque seamos una minoría entre todos los hijos de Dios por seguir a Jesucristo, a menudo nos dejamos llevar por la opinión de las mayorías que viven al margen de su conocimiento y poder. Sin embargo, es evidente que los sismos ocurridos (como el que provocó la caída de la trompeta de la estatua del ángel Moroni en el Templo de Salt Lake), la presencia de pandemias, el retorno masivo de miles de misioneros a sus hogares, los cambios sociopolíticos, el aumento de conflictos bélicos, la persecución de cristianos, la aprobación de leyes contrarias al orden celestial y los terremotos destructivos en todo el mundo no son casualidades.
Estos acontecimientos nos deben llevar a reflexionar sobre el mensaje de los profetas: buscar a Jesucristo y mantener la compañía del Espíritu Santo para soportar los eventos vertiginosos que se avecinan en los momentos previos a la Segunda Venida del Señor.
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